(de Le Procès, 1962)
Apabullante lección de cine... TODO lo que hace Welles en lo que dura el metraje es una genialidad.
La secuencia comienza en el teatro y, pasando por la "cárcel-cementerio", termina en la corte donde Joseph K. es juzgado. Memorable la salida de K. y el cierre de la puerta, "fotograma resumen" de toda la película. Las angulaciones son alucinantes, y la atmósfera de una opresión paranoidea con la que sólo Welles podría haber traducido la obra de Kafka. Anthony Perkins, descollante.